La parrilla libanesa no se explica solo por el fuego. Importan la marinada, las hierbas, la proporción de grasa, el punto ácido, la guarnición y la forma de llevar el plato a la mesa. En Bet Nun, la parrilla aparece como continuación natural del mezze: después de cremas, verduras y pan, llegan preparaciones con más cuerpo, pero sin perder frescura.
Kafta: sencillez bien trabajada
La kafta es una de las referencias más reconocibles de la parrilla levantina. En la carta de Bet Nun se presenta como brocheta de carne picada de vacuno, cebolla y perejil, acompañada de guarnición. Su aparente sencillez engaña: cuando una preparación usa pocos elementos, el equilibrio resulta decisivo. La cebolla aporta jugosidad, el perejil refresca y la carne sostiene el plato sin necesidad de salsas pesadas.
Es una buena elección para quien quiere probar algo característico sin buscar sabores extremos. Funciona muy bien después de un mezze variado, porque mantiene el hilo de la comida: pan, salsas, guarnición y un bocado de parrilla que invita a seguir compartiendo.
Shish taouk: pollo marinado con vocación amable
El shish taouk suele ser una puerta de entrada excelente para quienes prefieren el pollo. La marinada es la clave: transforma una brocheta aparentemente sencilla en un plato aromático, tierno y fácil de combinar. Frente a preparaciones más intensas, el shish taouk permite disfrutar de la parrilla libanesa desde un registro más suave.
Es una opción especialmente recomendable cuando en la mesa hay gustos distintos. Acompaña bien al humus, al labne y a ensaladas frescas. También permite que otros platos con más personalidad, como la muhammara o la kafta karaz, no compitan demasiado entre sí.
Halloumi: la parrilla también puede ser queso
El halloumi a la plancha demuestra que la parrilla no pertenece solo a la carne. Este queso, servido con tomate, pepino y hierbabuena, tiene una textura firme que aguanta el calor sin perder presencia. El resultado es salino, fresco y muy agradable para compartir. La hierbabuena y el pepino equilibran la intensidad del queso, mientras el tomate aporta jugosidad.
En una mesa variada, el halloumi cumple una función muy útil: añade contraste y amplía las opciones para quienes no quieren centrar la cena en la carne. También combina especialmente bien con pan libanés y con cremas de tahini.
Cómo montar una mesa equilibrada
Una buena forma de pedir parrilla libanesa es no aislarla. Primero, dos o tres mezze. Después, una kafta o un shish taouk. Si el grupo es más amplio, añadir halloumi crea una mesa más redonda. La idea no es acumular platos, sino alternar bocados: algo cremoso, algo fresco, algo tostado, algo de parrilla.
Esa alternancia explica por qué la cocina libanesa resulta tan cómoda para compartir. La parrilla aporta intensidad, pero no rompe la lógica de la comida. En Bet Nun, kafta, shish taouk y halloumi son tres maneras distintas de entender el mismo principio: platos directos, sabrosos y pensados para convivir en el centro de la mesa.

