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Qué pedir en una taberna libanesa si es tu primera vez

La cocina libanesa se entiende mejor cuando la mesa se llena poco a poco. No hace falta llegar sabiendo pronunciar todos los platos ni tener claro qué significa mezze. Basta con una idea: aquí se viene a compartir, probar, mojar pan y dejar que la conversación marque el ritmo. En una taberna como Bet Nun, en pleno Malasaña, la primera visita puede convertirse en una pequeña ruta por sabores muy reconocibles y, al mismo tiempo, distintos a lo habitual.

Empieza por el mezze

El mejor punto de partida es pedir varios entrantes al centro. El humus es casi obligatorio: garbanzo, tahini y limón en una crema suave, fresca y muy agradecida para abrir boca. A su lado, el baba ganoush cambia el registro con berenjena asada, ajo, tahini y un punto de granada. La muhammara aporta más intensidad, con pimientos asados, nueces y melaza de granada. Y el labne, a base de yogur, menta seca y aceite de oliva, refresca el conjunto.

Esta primera parte de la comida funciona porque no obliga a elegir un único plato. Permite comparar texturas, encontrar favoritos y repetir pan sin culpa. Además, es ideal para grupos pequeños: dos o tres mezze bien elegidos convierten la mesa en algo más divertido que una secuencia clásica de primero y segundo.

Sigue con parrilla o especialidad

Después del mezze, la parrilla es una elección segura. La kafta, elaborada con carne picada de vacuno, cebolla y perejil, concentra muy bien el perfil aromático de la cocina libanesa. El shish taouk, brocheta de pollo marinado, es más suave y encaja con quienes prefieren sabores menos intensos. El halloumi a la plancha, con tomate, pepino y hierbabuena, funciona tanto para compartir como para quienes buscan una opción sin carne.

También merece la pena mirar las especialidades. La kafta karaz, con salsa de cereza, cebolla caramelizada y almendras, es uno de esos platos que explican por qué la cocina libanesa juega tan bien con lo salado, lo dulce y lo ácido. Si se prefiere una salsa más cremosa, la kafta tahini lleva el plato hacia un terreno más profundo y untuoso.

Termina sin salir corriendo

Una primera visita no debería acabar al retirar los platos principales. La sobremesa forma parte de la experiencia: té de menta, café libanés con cardamomo y algún dulce casero sirven para bajar el ritmo. En vez de pedir un postre individual por persona, suele funcionar mejor pedir uno o dos al centro y cerrar la cena como empezó: compartiendo.

Si vas por primera vez, la fórmula más equilibrada sería sencilla: varios mezze, una parrilla, una especialidad y algo dulce para terminar. No es una degustación rígida, sino una forma de dejar que Bet Nun muestre su carácter: producto fresco, recetas libanesas de siempre y una mesa pensada para estar a gusto.